martes, 23 de junio de 2020

FIN DE CURSO

Hoy es el último día de cole y hemos hecho un Zoom para despedirnos, pero no estaban todos los compañeros y no había patatas ni ganchitos. Ha sido raro.

Las vacaciones este año también son un poco raras: a mí no me hacen mucha ilusión. A mamá le deprimen, como siempre, porque dice que perdemos rutinas. Las rutinas son algo bueno para los niños. Perder las rutinas es lo peor que nos puede pasar, peor que romperte una pierna. Para los mayores, no; son agujeros profundos donde te pasan cosas malas. Mamá hace lo posible por no caer en una rutina de esas, que deben de estar por algún lugar de la casa, ocultas, esperando a que mamá tropiece y caiga. Por eso, para evitarlas, mamá procura pasar aquí el menor tiempo posible. A la yaya le pasa lo mismo, pero ella no tiene miedo a los agujeros, sino a que se le caiga la casa encima. "Me voy, que se me cae la casa encima", dice siempre. Y yo no entiendo por qué no salimos todos detrás de ella. Yo creo que deberíamos llamar al tío Luis, que es arquitecto, o cambiar de casa.

Al principio el coronavirus sí me daba un poco de miedo. Pero cuando salgo de casa me pongo una mascarilla con un unicornio.

Así el coronavirus no se atreve ni a acercarse.




miércoles, 10 de julio de 2019

EL TONO ES FUNDAMENTAL

La maestra dice que la vida es como una novela. Y que en las novelas el tono es fundamental.
- Peroooo, ¿el tono no es algo de Música?
- Claro que sí. De las novelas también. Y de la vida. Hay personas que le dan a la vida un tono alegre y otras que le dan un tono triste - aclaró la maestra.
También nos ha contado que la vida es una novela muy larga con capítulos alegres y tristes. Y que el tono lo cambia todo. Que puede convertir nuestra vida en un sueño o en una pesadilla.

Cuando he llegado a casa, me he metido en el cuarto de Bea, lo he cogido y lo he envuelto en papel reciclado. Luego he escrito para mamá y lo he dejado sobre la mesilla de su habitación.

- Cariño, gracias por el regalo... pero, ¿para qué necesito yo un diapasón? La música de la familia es tu hermana Bea, no yo- me ha dicho mamá mientras me ha acariciaba la barbilla.
- Es para que te afines el tono, mamá. Que eres una dramática y si no cambias el tono tu vida será una pesadilla.

Mamá se ha puesto muy nerviosa y me ha gritado que me deje de tonterías y que devuelva el diapasón a Bea, que a veces tengo unas cosas que no parezco ni normal. 

A papá le ha dado la risa. Papá no necesita diapasón porque sí que sabe dar a la vida un tono alegre. ¡Normal! Siempre se le ha dado mejor la música a él que a mamá.

LLORAR

A Bea le da miedo lo que no entiende: los aviones, el cielo, el infierno y los mapas. Cuando Bea tiene miedo, se pone nerviosa y llora. Mamá odia a la gente que llora. Dice que son débiles. Yo creo que no, que tienen tanta fuerza dentro que tienen que llorar para no explotar. Mamá preferiría que Bea explotara, creo. Sobre todo si hay más gente. Cuando Bea tiene miedo, mamá le aprieta mucho el brazo. Debe de ser para que le duela y así llorar con razón. Mamá aprieta con muchas ganas porque también tiene mucha fuerza dentro, pero ella no llora nunca.

A mí solo me da miedo una cosa: que por no llorar, un día mamá explote.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Identidad

Una vez leí que los demás son espejos y que nuestra identidad se construye con la imagen que esos espejos nos devuelven. Sería de una candidez casi molesta creer que esas imágenes no están cimentadas en emociones impredecibles fundidas en un magma pastoso y caliente. 
Ayer uno de esos espejos saltó en pedazos y me limité a observar cómo iban cayendo al suelo pequeños trozos de mi propia imagen envueltos en una sustancia viscosa e incandescente. 

Ayer, por un momento, dejé de saber quién era y rompí mi propio espejo para que nadie se mirara en él. Más tarde vino a verme Alba, el espejo más limpio que conozco, me recordó quién era y volvió a salvarme la vida.

SALVAR LA VIDA

Hoy he comido muy deprisa. Tan deprisa, tan deprisa, tan deprisa, que se me han ido los garbanzos por el otro lado y mamá ha vuelto a decir en medio de mis toses que no sabe de qué le sirve gastarse el dinero en colegios privados. Mamá, que como todos sabéis hace mucho que no va al cole, no se acuerda de que en los colegios no te enseñan a comer garbanzos deprisa, sino otras cosas mucho más importantes como partir palabras en sílabas, saber cómo viven los ornitorrincos o resolver problemas de personas que reparten caramelos entre sus hijos, pero siempre les sobran o les faltan (que no entiendo yo muy bien eso, porque es raro no comprar los caramelos justos si ya sabes cuántos hijos tienes). Yo creo que si la maestra nos enseñara a comer garbanzos deprisa, en el fondo, en el fondo, mamá se enfadaría. Pero mamá, como dice papá, es contradictoria y le gusta pensar cosas distintas cada vez. Así ni se aburre ella, ni nos aburrimos nosotros.

Total, que he comido muy deprisa, he salido de casa muy deprisa y he subido las escaleras al ático de la vecina corriendo, haciendo ruido con los zapatos como papá con las teclas del ordenador. En un pispás he llegado hasta la puerta y he llamado cinco veces seguidas.

- Alba, corazón, ¿ocurre algo? ¿ya has comido?
- ¿Por qué estás triste?

La vecina se ha quedado un momento callada y me ha mirado a los ojos.

- ¿Cómo sabes que estoy triste?
- Porque antes te he visto en el portal y me has mirado como si no te pusieras contenta de verme. Y sé que eso es imposible.

Luego he pasado a su casa, me he sentado en el sofá y le he pedido un batido de chocolate. Ella ha tardado un poco en reaccionar, ha cerrado la puerta y no ha dejado de mirarme todo el tiempo, y hemos estado así, calladas, hasta que, de repente, ha empezado a reírse a carcajadas.

¡Y otra vez se me ha ido el batido por el otro lado! A lo mejor mamá tiene razón y en el cole deberían enseñar más a comer y a beber deprisa y riéndose y menos sílabas, divisiones y ornitorrincos.

Yo creo que deberían enseñar sobre todo, sobre todo, cosas que te salvaran la vida.




viernes, 29 de agosto de 2014

GENEROSIDAD

Mamá tiene una amiga que es generosa. Generosa quiere decir que cuando le das algo a alguien no echas cuentas. Mamá, en cambio, no es generosa. A veces da, pero siempre te recuerda que tienes que darle algo a cambio.

- Toma, cariño, veinte euros para que invites a Almudena al cine.
- Pero si yo nunca hablo con ella, es una pija y me cae mal.
- ¿Te doy veinte euros y me respondes así? Entre todos me vais a quitar la vida.

La amiga de mamá siempre le daba a mamá todo lo que necesitaba. Si tenía que ir al médico, la acompañaba. Si ponía a parir a papá, la escuchaba. Y le regalaba cosas hasta cuando no era su cumpleaños. Mamá tragaba toda esa generosidad como una aspiradora gigante.

Un día vi cómo la amiga de mamá se volvió triste.

- Es que es un poco depresiva - me explicó mamá.

Esa tarde subí a la buardilla a ver a la vecina, que tomaba un té con la amiga de Visnú.

- Yo pensaba que las personas generosas nunca estaban tristes. La maestra explicó una vez que las personas más generosas siempre estaban llenas.
- Bueno, Alba, guapa... Eso es así... a no ser que se encuentren con gente muy vacía. Entonces otra persona generosa tiene que restablecer el equilibrio y llenarlas de nuevo.

Así que el otro día, cuando la amiga de mamá vino a cuidarme porque mamá iba a pilates, le regalé un dibujo que hice de una caja llena de caramelos, soles y corazones.

- Mamá está vacía, pero yo no. Así que ya te iré rellenando de vez en cuando - le dije guiñándole un ojo.

Ella me dio un achuchón enorme y es raro pero creo que las dos nos quedamos más llenas.

martes, 8 de julio de 2014

TROZOS DE VACACIONES

No escribo mucho porque tengo vacaciones y mamá dice que no puedo estar todo el día con el ordenador, que si es para el cole, sí; pero si es para jugar, no, porque es malo para mi cerebro. Se ve que tenemos un cerebro muy listo que sabe cuándo es jugar y cuándo no y se estropea más rápidamente cuando juega. Por eso los mayores no juegan nunca más hasta que se jubilan, que entonces les queda poco para morirse y que el cerebro se estropee ya no es tan importante. Por eso a todos los jubilados les gustan las cartas, la petanca y el bingo y aunque juegan no los llaman ludópatas. (Ludópatas son los mayores que juegan todo el rato, como los niños, pero que de mayor es una enfermedad, porque los mayores no saben jugar si no es con dinero. Es raro, pero es así.) 

Mamá está disgustada con la maestra, que dice que es hippy porque nos ha dicho que no hagamos deberes y que leamos lo que queramos, lo que nos guste. Mamá dice que las maestras hippies deberían dar clase en los colegios públicos, no en los concertados, donde se exige un nivel. Yo ya le he explicado a mamá que las clases son iguales, que los libros son iguales y que los niveles son 1º de Primaria, 2º de Primaria, 3º de Primaria... igual, vamos, pero mamá dice que yo no entiendo nada porque soy pequeña, que es lo que dice mamá cuando no quiere aprender, que es muchas veces porque hace tanto que no tiene maestra que ha perdido la costumbre.

Mamá quiere que me aprenda los pronombres a tonos para que adelante materia para el año que viene. Eso de los pronombres a tonos no lo entiendo, porque yo los veo igual, en letra negra y alguna vez roja. Sólo veo colorines cuando miro todo el rato sin pestañear, pero me duele la cabeza y tengo que parar porque me mareo. Yo creo que el libro está mal y debería devolverlo para que se lo cambien por otro con pronombres a tonos de verdad.

Papá me ha prometido que cuando me aprenda los pronombres a tonos (para que tu madre nos deje en paz) me va a comprar un libro que me guste. Y resulta que mamá, que es contradictoria (que es una palabra que repite mucho mi padre), porque puede decir una cosa y lo contrario y a callar todos, primero quiere que me aprenda los pronombres a tonos y luego no quiere que me compre un libro con dibujos y colores, que dice que son de pequeños y con eso no maduro. Pero papá me ha guiñado un ojo y me ha prometido que me va a llevar a la librería para que escoja el que yo quiera, pero que por favor no haga rabiar a mamá y que me aprenda de una vez los p... (eso no puedo escribirlo que me reñirán) pronombres a tonos antes de que toda la familia acabe en el psiquiátrico.

- Papá, ¿los psiquiátricos los pintan de colores?
- De colores pastel, que son relajantes, Alba.

Mamá se va a poner contenta porque ya me sé los pronombres a tonos.
Me: primera persona del singular, en rosa palo.
Te: segunda persona del singular, en azul celeste.

Yo también he escogido colores relajantes y espero acertar con los tonos, porque desde luego, el libro que me ha dejado mamá para estudiar no me ha dado ninguna pista.
 


miércoles, 21 de mayo de 2014

Lágrimas

Lloro por muchas razones. Si se me pasara por la cabeza publicar un inventario de motivos, tendría que reeditarlo, corregido y aumentado, cada cierto tiempo. Lloro sin querer, desde el estómago, con la presión de una cañería rota, hasta que me vacío por dentro. Nadie, ni yo misma, puede detener mis lágrimas. Empapo de pena y barro el alma del que trata de consolarme. Quien me ve llorar, también llora.

No lloro delante del que está llorando. Me guardo las lágrimas en la memoria y espero al siguiente reventón.

viernes, 9 de mayo de 2014

CRIAR MONSTRUOS PELUDOS

Dice la maestra que hay personas que han aprendido a equivocarse muy bien. Y que para aprender a equivocarse muy bien, hay que practicar mucho. Y que las personas que practican mucho eso de equivocarse muy bien, se mueren de ganas por enseñárselo a los demás y entonces...¡tachán! se hacen maestros.
La maestra también dice que las equivocaciones se alimentan del silencio y del miedo. Y que las personas que tienen miedo de hablar o de actuar, son como cajas oscuras de equivocaciones que nadie ve pero que van engordando, y engordando, y engordando, hasta convertirse en monstruos peludos incontrolables.

Mamá tenía uno de esos y ayer se despertó de su invernación.

 Como todas las tardes, papá llegaba a casa del trabajo con cara "de haberse dejado el alma olvidada en el perchero" (que dice mi abuela, la madre de mi madre) y mamá le iba a contar la lista de las cosas que pasan cuando él no está. El problema es que mamá tiene función microscopio: puede hacer que una cosa muy pequeña, muy pequeña, muy pequeña, parezca muy grande, muy grande y terrorífica. (Esto lo dice mi otra abuela, la madre de mi padre, cuando mi madre no está).

- Cariño, no sabes lo que me ha pasado hoy - ha dicho mi madre antes de que a mi padre le diera tiempo a sentarse en el sofá.

- Diimeee...

- Pues si me vas a responder así, no te lo cuento. Y a ver a quién se lo cuento. Porque estoy casada contigo, que yo sepa, no con el vecino de arriba.

- A ver, cuéntame.

- Pues se me ha ocurrido salir al rellano a retirar un poco de polvo, que menuda escalera nos está dejando la obra del portal, y he cogido un cartón, ni siquiera una escoba o una fregona, porque si hubiera sido una escoba o una fregona, aún, pero sólo ha sido un cartón, y he retirado lo justo para poder entrar a casa y, vamos, yo sin pensar en limpiar nada de nada, que eso ya lo haré cuando vea que acaban de taladrar, que para trabajar en balde, ya sabes que no valgo...

- No sé si te sigo, has retirado parte del polvo de la escalera con un cartón, ¿y...?

- Y hace una hora cojo el teléfono y tenía un mensaje en el contestador, y ¿a qué no sabes de quién era? De la ve-ci-na-den-fren-te. Sí, ya ves, un mensaje de la vecina que no tiene más que salir a la puerta y apretar el timbre.

- Sí que es raro, sí.. ¿y qué decía?

- Escúchalo tú mismo -respondió mamá. Y le acercó el teléfono a la altura de la nariz, como si además de sonido salieran olores y se oyó una voz un poco de fantasma de señora mayor que "todavía no ha visto la luz" que decía: Buenas tardes. Soy la vecina de enfrente. Ya he visto que has limpiado TU parte del rellano. La verdad es que no esperaba esto de ti, porque si yo no estuviera tan mayor y tan mal de las rodillas, habría limpiado todo el rellano, tu parte y mi parte. En fin, se ve que todos no somos iguales. 

A papá lo primero que le salió fue una carcajada de tres jas, esa que sirve para quitarle importancia a las cosas y le dio a mamá una solución: llamar a la vecina, explicarle lo que de verdad había pasado y limpiar todo el rellano. Y le acarició la cara con una sonrisa.

Pero mamá no entendió la carcajada de tres jas, no quería soluciones fáciles y apartó la cara de la mano de papá como si le hubiera dado corriente. Luego fue cerrando los ojos hasta dejar el sitio justo para ver y los huecos de la nariz empezaron a hincharse y deshincharse cada vez a más velocidad.

Mamá tenía una equivocación dentro que llevaba comiendo mucho tiempo y que había decidido salir a tomar el aire.

- ¿Pero es que nunca me puedes dar la razón en nada? Me tratas como si fuera idiota. Siempre me haces lo mismo. Don Inteligente, para todo tienes solución. Todo lo que digo son tonterías. A lo mejor habrías preferido casarte con la vecina de enfrente...

- Pero si tiene setenta años, mujer...- respondió mi padre con algo de precaución.

- Claroooo, mejor con la de la buhardilla, que es joven, guapa y como tiene una carrera, seguro que no decía tantas tonterías como yo.

Y se metió en la cocina dando un portazo.

Entonces me acordé de algo que también dijo la maestra. Muchas veces nosotros somos un poco responsables de las equivocaciones peludas de los demás, pero sólo el que las ha criado dentro tiene el poder para desintegrarlas. Y eso es lo que significa equivocarse muy bien.


viernes, 18 de abril de 2014

EL TÍO CARLOS

El tío Carlos es el hermano de mamá, pero mamá siempre dice que no parece de la familia.

Yo también lo pienso, y me parece fatal que no lo estén investigando.

El tío Carlos camina como si los codos y las muñecas no le ajustasen bien. Los brazos y las piernas le tiemblan como a los muñecos de los coches. Usa ropa una talla mayor a la suya. 

Pero lo que no sabéis de mi tío Carlos es su discapacidad. 

Resulta que el tío Carlos no tiene gusto. Lo sé porque se lo oí decir a mamá el otro día. El tío Carlos iba caminando por delante de nosotros, cuando mamá lo miró con cara de pena, movió la cabeza de lado a lado y puso voz de sufrimiento:

- Mi hermano Carlos no tiene gusto.
- Mujer, ¿qué importancia tiene eso? Carlos es una excelente persona.

 Estoy orgullosa de papá, que como la maestra, cree en la integración de las personas con discapacidad. Yo no sabía que había personas que no tenían gusto. Y no entiendo por qué lo invitamos siempre a comer. Me perecería muuucho mejor invitarlo al cine. Pero el tío Carlos es muy amable y siempre dice con una sonrisa que está todo muy bueno.

- Cocinas de maravilla, hermana.
- No lo dices en serio... -dice mamá poniendo voz tontita.
- Claro que no, mamá -le digo yo- pero podías ser más amable, que el tío Carlos está haciendo un esfuerzo por agradarte.

 Y le miro con una de mis sonrisas de oreja a oreja.

El tío Carlos no deja de sonreír nunca, a pesar de que no tiene novia (dice que las mujeres que le presenta mamá son más bien sosas -¡qué sentido del humor!), ni gusto. Sonríe a pesar de que nadie se ha molestado en investigar cómo ha llegado a esta familia.

jueves, 27 de marzo de 2014

MÁQUINAS

Hoy la maestra nos ha contado la diferencia entre las personas y las máquinas. Yo os voy a hacer un resumen, que sé hacerlo porque lo estudiamos en el tema 10 de Lenguaje.

Las máquinas están hechas para funcionar de una forma que alguien ha decidido por ellas. Y si no, es que no funcionan, nos cansamos de ellas y las llevamos al punto limpio.

Las personas no. Sabes más o menos, pero nunca del todo. Son sorprendentes. Por eso nos gusta más pasar la tarde con nuestros amigos que con la lavadora. Aunque la lavadora funciona mejor y es más fácil adivinar qué va a hacer en cada momento.

Hay personas que funcionan de una forma que alguien ha decidido por ellas, como las lavadoras, que tienen programas, como la tele, que también tiene programas que no sirven para lavar (aunque la abuela dice que sí lavan el cerebro).

Que me lío.

Lo mejor es que hasta las personas que tienen programas te sorprenden alguna vez, porque esos programas tienen fallos, que la maestra llama "debilidades".

Las debilidades son buenas porque ponen más cara de persona y menos de máquina. 

Dice la vecina que ella tiene muchas debilidades, pero que la mejor de todas soy yo.

Con la vecina no te aburres nunca.

viernes, 21 de marzo de 2014

Treinta y siete meses

Él no lloraría en mi entierro.

Estaría pendiente de mí cuando la fuerza centrífuga de una conversación de programa largo me expulsara por el desagüe a mi país de las maravillas particular. Se dirigiría a mí con una pregunta-despertador de las fáciles, de las que me dejan en buen lugar ante los amigos. Los veinte minutos siguientes me vigilaría de reojo y sonreiría tímidamente.
Me buscaría la mirada en los ojos.

Pero no lloraría en mi entierro.

Alba sí lo haría. Alba sentiría pena y rabia.

domingo, 22 de diciembre de 2013

92 meses

Subo las escaleras hasta el ático donde vivo de prestado. Lo hago desde el primer día, en una especie de viacrucis irracional que me he impuesto a mí misma como si de un voto se tratase.


Primer descansillo. Las puertas de los primeros están decoradas con coronas verdes y rojas. Cuando las miro, no puedo evitar pensar en un funeral. La madera brilla como un ataúd. Parece que no están en casa.

Segundo descansillo. Alba ya está despierta y juega a cantar la lotería de navidad. La puedo imaginar abriendo el bote de los garbanzos perseguida por su madre, que prefiere que cante los premios con los Ferrero-Roché.

Tercer descansillo. Las asas de plástico se me clavan en los dedos y tengo que detenerme a descansar. Me miro las manos enrojecidas que laten como seres vivos independientes. 

Cuarto descansillo. Se escuchan las voces de los niños de San Ildefonso mezcladas con ruidos de cacerolas, ventanas que se cierran y tenedores batiendo huevos. 

Quinto descansillo. 12531... 1.000 eeeurooos, 38280...1.000 eeeurooos... Me vienen a la cabeza mi madre y mi abuela rezando una letanía con las piernas atrapadas en las faldas de la mesa camilla. Las cuentas del rosario entre sus dedos, las bolas del sorteo ensartadas una tras otra con un rezo semejante, o al menos con la misma fe. 
           1.000 euros, ora pro nobis.

Sexto descansillo. Tenemos la terminación del gordo, cariño. Este año no perdemos. Me pregunto qué se han jugado este año los del sexto y dudo de que hayan perdido alguna vez. Un tal Charpentier habla de la contrarreforma del éxito y yo me pregunto cuánto falta para que los del sexto propongan mi expulsión de la escalera por fracasada penitente.

Séptimo descansillo. Apenas puedo levantar ya las dos bolsas y me pregunto si voy a ser capaz de subir las últimas escaleras. Escucho el ruido del ascensor deteniéndose en el ático. Acelero el paso y antes de llegar a mi rellano me recibe una voz de niña-premio que me grita:

- ¡Subeeeee, correeee, que he hecho mi sorteo de la lotería y te ha tocado!


domingo, 17 de noviembre de 2013

CANIBALISMO

El otro día subí a ver a la vecina, que estaba con su amiga la que conoce a Visnú estudiando arte. El arte se puede crear y también se puede estudiar en la universidad. Está chulo.

La vecina tenía encima de la mesa un dibujo oscuro en el que había un monstruo comiéndose a una persona por un brazo. La vecina, como si fuera una maestra, me explicó que lo había pintado un señor que se llamaba Goya, y que era una representación de canibalismo.

-¿Qué es canibalismo?

Y me explicó qué era el canibalismo, que me pareció algo asqueroso, y que no me preocupara que no me iba a encontrar a ningún caníbal en el ascensor.

- Bueno, bueno -dijo la amiga de Visnú con voz de dar miedo- no estés tan segura de eso. Seguro que en este edificio hay más de un caníbal postmoderno. 

La vecina la miró con ojos de reñir y yo no podía aguantar ni un segundo más sin saber qué era un caníbal pos moderno  así que me pasé toda la semana buscando a gente moderna que pudiera ser un caníbal. Y, el domingo por la mañana, cuando parecía que ya no lo iba a encontrar, me senté con mamá a ver su canal preferido, y allí estaban todos. 

Los caníbales pos modernos son señores o señoras muy bien vestidos y que tienen muchos dólares y que están muy flacos, con cara de no haber comido en un mes. Un día se van a una pastelería y se reúnen con el jefe de los pasteleros y le dicen que quieren que les haga una tarta gigantesca y que tiene que tener la forma de la cosa que más quieren, que suele ser su perro, su gato, su periquito o su coche descapotable. Luego los pasteleros se ponen histéricos y al final, después de estar trabajando horas y horas y horas, les llevan a su casa una tarta que no parece una tarta, sino su perro, su gato, su periquito o su coche descapotable. Y entonces, el señor o la señora muy bien vestidos, flacos y con muchos dólares, se emocionan y siempre dicen que les da mucha pena comerse la tarta, porque es como su perro, su gato, su periquito o su coche descapotable. Pero de repente, cogen un cuchillo y le cortan una oreja, una pata, el maletero, y se llenan todos la boca de sus cosas más queridas, que quedan destrozadas encima de una bandeja. Y ríen, mientras hablan con la boca llena.

En realidad, les gustaría ser caníbales de verdad, pero como viven muy bien, no quieren ir a la cárcel y se conforman con ser caníbales de dulce, por eso no hacen más que repetir que las tartas tienen que ser idénticas a los animales y a los coches de verdad, para que puedan sentirse lo más caníbales que puedan.

A mamá le gustan mucho esos programas. Y se los traga todos, uno detrás de otro. Así mata el gusanillo del canibalismo (come por los ojos, como dice la abuela), porque ella no tiene dólares, ni euros, ni un puñetero duro (que es una moneda antigua que ya no sirve para comprar nada pero que mamá le tiene cariño, porque siempre la nombra. A lo mejor da suerte).




miércoles, 10 de julio de 2013

GEOGRAFÍA

Hoy es miércoles. Y como todos los miércoles desde que volvimos de ese viaje tan chuli a Eurodisney, Paula está estudiando Geografía, para que no vuelva a avergonzar a mamá delante de los extraños. (Es por la vergüenza ajena, que mi madre sufre mucho de eso; de la suya, menos). A mí me gustan los mapas y por eso siempre le digo que sí a Paula cuando me pide que le pregunte las capitales del mundo. Mamá a cambio me da un montón de sus chuches porque dice que así Paula no engorda. Preguntar las capitales a Paula está guay porque hago felices a Paula, a mamá y a mí.

- Y ahoraaaaa... vamooossss... coooon... ¡tachán!
- Alba, jooo, que así no vamos a terminar nuncaaaa.
- ¡ASIA! Empezaaamooos: Indonesia...
- ... Yakarta
- India...
- ... Nueva Delhi.
- Filipinas... ¿Filipinas? Espera un momento, ¡esto está mal!
- No, no está mal, Alba.
- Que síiii, que Filipinas es España o está muy cerca.
- Que no, Alba, que es Asia, y la capital es Manila.
- ¡Ves, ves, ves! Manila, como los mantones. ¡Mamáaaaaa! ¿De dónde son los mantones de Manilaaaaa?

Y la voz de mamá sale de la cocina y llega al cuarto de Paula: "de Madriiid, Albaaa".

-¿Ves, ves, ves? Madrid, capital de España, que yo eso lo sé.
- Ay, que no, Alba, jooo.
- ¿Y cómo se llaman los que viven en Manila, eh? ¿cómo?
- Manileños.
- ¿Ves? Manileños, madrileños, es lo mismo lo que pasa que dicho por un niño pequeño, que pronunciar "d r i" solo puedes hacerlo cuando eres mayor.
- Pues no, boba, los manileños son gente asiática, no pequeños,  y no son españoles, son filipinos, que no te enteras.
- ¡Mamáaaaaaa! Dime algún filipino famosooooo.

Y otra vez sale esa voz con sabor a pollo con zanahorias: " Isabel Preysleeeer"
- ¿Y dónde viveeeeeee!
- ... ¡en Madriiiiid!
- ¡Ves, ves, ves!

Al final Bea me echó de su cuarto porque no le gusta nada aprender y creo que le falta azúcar, que eso dijo la abuela un día. Yo me fui a mi ordenador saqué a mamá de la mano para que me escribiera en google "Isabel Preysler" y salió una foto de una mujer guapa.

- Está hecha una cría - dijo mamá con cara de admirarla mucho.

Es verdad, normal que no sepa pronunciar "madrileño".

domingo, 23 de junio de 2013

BRUJAS MALAS

Hasta hoy pensaba que la bruja más mala de todas las del mundo era Hipoteca. Hipoteca, para los que no os acordéis, es la bruja que no se ve pero que manda mensajes en sobres con ventanita a los papás, así como amenazando.
Pero hoy he pasado la tarde con la abuela y hemos visto el debate. El debate es una cosa que sale por todas las teles y que hay gente que riñe y grita por los problemas del país.
Y hoy me he enterado que la culpa de todos los problemas la tiene otra bruja que es peor que Hipoteca: la Demagogia.
Cuando un mayor del debate dice que hay muchos parados, otro grita: eso es Demagogia. Si luego otro dice que la gente no tiene comida, salta otro: Demagogia.
Y así todo el rato hasta que se acaba el debate.
- Abuela, ¿por qué la policía no detiene a la Demagogia y se terminarían todos los problemas?
- Ay Albita, porque la demagogia se esconde muy bien: es muy lista y tiene muchos compinches.
- Y manda pistas falsas para que no la encontremos.
- Algo así, Alba.

Yo he decidido que voy a inventar un superhéroe para acabar con Demagogia y sus cómplices. Y le pondré la cara de Jorge Abadía.

martes, 28 de mayo de 2013

MEMORIA

La maestra nos ha contado hoy que las personas estamos hechas de recuerdos. Porque somos de hueso, de piel, de carne y de pelo, pero eso a nadie le importa porque es más o menos lo mismo para todos.

Lo que importa de verdad de verdad de la buena (que lo ha dicho la maestra) es el dibujo que hacemos en nuestra cabeza de los demás y eso lo hacemos con las pinturas de la memoria

Hay personas que pintan cuadros muy hermosos de los demás y un día les cae una sombra gris y deciden extenderla por todo el cuadro, como las nubes que cubren el cielo. Para eso buscan más recuerdos grises y se empeñan y los encuentran, sí, sí.

Mamá dice que papá tiene memoria selectiva, que es como tener una caja de pinturas con dos colores: negro y marrón.

Papá dice que mamá es rencorosa porque nunca olvida. Tiene muchas pinturas, pero todos sus colores tienen un tono gris, como las cenizas de los cigarros de abuela.

Yo creo que olvidar es tener buena memoria. (Bueno, no lo creo yo, es un señor vestido de vaquero como con un pañuelo en el cuello que está en una foto en el pasillo del cole). Olvidar es darse cuenta de que el color negro se come todos los colores y usarlo sólo para rellenar algún hueco.

sábado, 13 de abril de 2013

FALTAS

Hoy he subido a ver a la vecina porque la echaba en falta.

Echar en falta es algo que hace la gente que te quiere. Por ejemplo, la maestra, que cuando no estamos nos echa en falta y luego las apunta y las manda a casa, las faltas. La maestra nos quiere mucho porque es lo primero que hace, cada día, todos, todos, todos los días, sin olvidarse de ninguno. Y luego les manda una carta a los padres para que lo sepan. ¡Es muy emocionante!

Mamá no echa en falta, echa de menos, que no es lo mismo. Si la mamá de Jorge pasa días y días y días sin llamarla, pues ella la llama también menos, porque mamá no es menos que nadie, como dice siempre.

Cuando echas de menos se quiere igual que cuando echas en falta, pero se sufre más porque las faltas son más largas y se hace todo lo posible por que nadie se entere. Ni cartas a los padres ni nada.

Yo tengo un cuaderno donde apunto los días que echo en falta a la vecina. Y subrayo con fosforito los días que no me abre la puerta porque está triste. Luego arranco la hoja, subo corriendo las escaleras y la meto por debajo de la puerta.

Ayer la vecina me escribió una nota con dos margaritas para invitarme a tomar un té de batido de chocolate  porque dice que no está bien tener tantas faltas con los amigos. Así que hoy he subido a casa de la vecina con una hoja de faltas nueva, rosa y con todos los cuadraditos en blanco.

domingo, 17 de febrero de 2013

CONVERSAR

Ayer fuimos al cine mamá y yo. Llegamos al cine 17 minutos antes porque "es una pena, pero como ahora, con lo caro que es el cine, nadie va, las colas no son como antes".
Mamá es rara, o como dice papá, contravictoria, porque cuando vio la cola, que era laaargaa como las serpientes chinas, en vez de alegrarse arrugó la cara.
- ¡Qué guay! Mira qué cola - le dije yo, abriendo mucho los ojos.
Pero nada.  (Contravictoria creo que quiere decir que no se alegra ni cuando las cosas salen bien).

Cuando llevábamos un minuto apareció una señora redonda de cuerpo y de cabeza y con los ojos con chispitas. Iba con un marido redondo y tranquilo como un caracol.

- Me riñe porque no llevo el móvil encima, pero en realidad es que viene al cine porque me gusta a mí - le dice con la boca redonda a mamá, que la mira, sonríe la mitad de la boca y mira su móvil.

- El cine está guay - le respondo yo y le guiño un ojo.

- Es que en su pueblo no había cine, en mi pueblo había dos y claro, yo tengo más costumbre - me susurra y me guiña su ojo para que sea su cómplice.- A mí me encantan las películas en las que salen negros. Nadie hace los dramas como los negros. Me pongo morada de llorar. Ese negro que tiene ahora una película...

- Denzel Washington - dice el señor que está delante de nosotros.

- Ese - dice la señora hinchando los mofletes. - Qué bueno es.

Mamá sigue dentro de su móvil poniendo cara de circunstancias, que es cuando pones cara de mártir.

Cuando llegamos a la taquilla mamá dice "menos mal" con un suspiro y coge las entradas. Y también dice algo de las formas y de la clase.

- De forma es redonda y clase no tiene porque cuando tienes 70 años ya no vas al cole.

Mamá siempre se enfada cuando le explico las cosas: no se deja enseñar.

Después del cine quedamos con una amiga de mamá que estaba con otras amigas de esas que tienen clase y en vez de redondas son finas y puntiagudas. Nos dieron la espalda toda la noche y no nos dirigieron la palabra.

A ver, no digo que mamá no tenga razón y esas señoras vayan a clase, pero mucho caso a la maestra yo creo que no le hacen.

sábado, 26 de enero de 2013

Adverbios

El lunes Bea tiene examen de Lenguaje. Los exámenes de Lenguaje de Bea son muy raros y me gusta espiarla cuando estudia.

- ¡Largo de aquí, pesada!
- ¿Estás estudiando Lenguaje?
- Lengua, sin je.
- Je, je.
- ¡Boba!

La maestra dice que en Secundaria el Lenguaje es sin je, y que por eso le quitan toda la gracia. Y por eso Bea tiene la cara de haber desayunado plástico.

Me siento en sillón al lado de la mesa de Bea y cojo un álbum para disimular. Bea subraya las palabras y las cambia de nombre: sintagma. Y entonces resulta que horriblemente feo y sumamente delicioso son lo mismo, igual, igual, igual.

- ¡No puede ser!
- ¡Alba!
- Eso está maaaal... Es imposible que sea lo mismo.
- No importa lo que significa, Alba.
- Pero es muy distinto y suena muy distinto.
- Es que sólo importa la estructura... Mmm... Cómo te lo explico. Es como si a nosotros nos arrancaran la carne y dejaran sólo el esqueleto.

Me quedo pensando un momento mientras observo a Bea cómo asesina palabras y las mete en ataúdes abiertos.

Así que cuando se va a por una chocolatina, cojo un boli, cierro los ataúdes y escribo al lado:

                                         DEP

Que significa: Descanse en paz.

Y me voy a mi cuarto a hacer los deberes de Lenguaje, ahora que aún están vivas.