sábado, 13 de abril de 2013

FALTAS

Hoy he subido a ver a la vecina porque la echaba en falta.

Echar en falta es algo que hace la gente que te quiere. Por ejemplo, la maestra, que cuando no estamos nos echa en falta y luego las apunta y las manda a casa, las faltas. La maestra nos quiere mucho porque es lo primero que hace, cada día, todos, todos, todos los días, sin olvidarse de ninguno. Y luego les manda una carta a los padres para que lo sepan. ¡Es muy emocionante!

Mamá no echa en falta, echa de menos, que no es lo mismo. Si la mamá de Jorge pasa días y días y días sin llamarla, pues ella la llama también menos, porque mamá no es menos que nadie, como dice siempre.

Cuando echas de menos se quiere igual que cuando echas en falta, pero se sufre más porque las faltas son más largas y se hace todo lo posible por que nadie se entere. Ni cartas a los padres ni nada.

Yo tengo un cuaderno donde apunto los días que echo en falta a la vecina. Y subrayo con fosforito los días que no me abre la puerta porque está triste. Luego arranco la hoja, subo corriendo las escaleras y la meto por debajo de la puerta.

Ayer la vecina me escribió una nota con dos margaritas para invitarme a tomar un té de batido de chocolate  porque dice que no está bien tener tantas faltas con los amigos. Así que hoy he subido a casa de la vecina con una hoja de faltas nueva, rosa y con todos los cuadraditos en blanco.

domingo, 17 de febrero de 2013

CONVERSAR

Ayer fuimos al cine mamá y yo. Llegamos al cine 17 minutos antes porque "es una pena, pero como ahora, con lo caro que es el cine, nadie va, las colas no son como antes".
Mamá es rara, o como dice papá, contravictoria, porque cuando vio la cola, que era laaargaa como las serpientes chinas, en vez de alegrarse arrugó la cara.
- ¡Qué guay! Mira qué cola - le dije yo, abriendo mucho los ojos.
Pero nada.  (Contravictoria creo que quiere decir que no se alegra ni cuando las cosas salen bien).

Cuando llevábamos un minuto apareció una señora redonda de cuerpo y de cabeza y con los ojos con chispitas. Iba con un marido redondo y tranquilo como un caracol.

- Me riñe porque no llevo el móvil encima, pero en realidad es que viene al cine porque me gusta a mí - le dice con la boca redonda a mamá, que la mira, sonríe la mitad de la boca y mira su móvil.

- El cine está guay - le respondo yo y le guiño un ojo.

- Es que en su pueblo no había cine, en mi pueblo había dos y claro, yo tengo más costumbre - me susurra y me guiña su ojo para que sea su cómplice.- A mí me encantan las películas en las que salen negros. Nadie hace los dramas como los negros. Me pongo morada de llorar. Ese negro que tiene ahora una película...

- Denzel Washington - dice el señor que está delante de nosotros.

- Ese - dice la señora hinchando los mofletes. - Qué bueno es.

Mamá sigue dentro de su móvil poniendo cara de circunstancias, que es cuando pones cara de mártir.

Cuando llegamos a la taquilla mamá dice "menos mal" con un suspiro y coge las entradas. Y también dice algo de las formas y de la clase.

- De forma es redonda y clase no tiene porque cuando tienes 70 años ya no vas al cole.

Mamá siempre se enfada cuando le explico las cosas: no se deja enseñar.

Después del cine quedamos con una amiga de mamá que estaba con otras amigas de esas que tienen clase y en vez de redondas son finas y puntiagudas. Nos dieron la espalda toda la noche y no nos dirigieron la palabra.

A ver, no digo que mamá no tenga razón y esas señoras vayan a clase, pero mucho caso a la maestra yo creo que no le hacen.

sábado, 26 de enero de 2013

Adverbios

El lunes Bea tiene examen de Lenguaje. Los exámenes de Lenguaje de Bea son muy raros y me gusta espiarla cuando estudia.

- ¡Largo de aquí, pesada!
- ¿Estás estudiando Lenguaje?
- Lengua, sin je.
- Je, je.
- ¡Boba!

La maestra dice que en Secundaria el Lenguaje es sin je, y que por eso le quitan toda la gracia. Y por eso Bea tiene la cara de haber desayunado plástico.

Me siento en sillón al lado de la mesa de Bea y cojo un álbum para disimular. Bea subraya las palabras y las cambia de nombre: sintagma. Y entonces resulta que horriblemente feo y sumamente delicioso son lo mismo, igual, igual, igual.

- ¡No puede ser!
- ¡Alba!
- Eso está maaaal... Es imposible que sea lo mismo.
- No importa lo que significa, Alba.
- Pero es muy distinto y suena muy distinto.
- Es que sólo importa la estructura... Mmm... Cómo te lo explico. Es como si a nosotros nos arrancaran la carne y dejaran sólo el esqueleto.

Me quedo pensando un momento mientras observo a Bea cómo asesina palabras y las mete en ataúdes abiertos.

Así que cuando se va a por una chocolatina, cojo un boli, cierro los ataúdes y escribo al lado:

                                         DEP

Que significa: Descanse en paz.

Y me voy a mi cuarto a hacer los deberes de Lenguaje, ahora que aún están vivas.

martes, 18 de diciembre de 2012

PALABRAS

Ayer la maestra nos mandó unos deberes dificilíiisimos. Teníamos que escribir (¡una hoja entera!) qué creemos nosotros que son las palabras. Estaba en la primera parte de los deberes, que es la parte de pensar, cuando entró la mamá de Jorge Abadía a mi cuarto.
- Cari, darling, hala, deja ya de estudiar y acompáñanos a tu mami y a mí a la boutique.
- ¿Luego iremos a tomar un chocolate?- respondí yo con los ojos muy abiertos.
La mamá de Jorge me dio unas palmadas en el culo y se rio:
- Te irá todo al culete, cherie, y con las horas que pasas sentada delante de esos libracos se te va a poner un pandero como una plaza de toros.
La mamá de Jorge es muy rara para lo grande y lo pequeño: los culos tienen que ser pequeños y las tetas, grandes. Al revés no vale. Aunque es más cómodo tener el culo grande que las tetas grandes. Si te sentaras sobre las tetas, pues bien, pero el cojín del culo es muy importante para la comodidad.

Cuando llegamos a la boutique, mamá se enamoró de un vestido del escaparate (mamá se enamoró una vez de papá y a veces dice que se arrepiente y  después se ha enamorado de ocho o nueve vestidos, tres anillos, unas botas y un ipad, que yo recuerde).

Cuando salió del probador iba muy sonriente y dio dos vueltas enteras y dos medias vueltas para enseñarnos el vestido. 

- ¿No somos muy mayores para ese escote en la espalda, darling? - le preguntó la madre de Jorge, como riñéndole.
- Qué dices, mujer, si me queda estupendamente...
Mamá compró el vestido y luego nos fuimos a tomar chocolate. Mamá pidió un botellín de agua y repitió muchas veces que era un vestido precioso.

Dos días después, mamá volvió a la boutique y cambió el vestido por un vale. 

"Las palabras son seres vivos. Yo creo que son plantas. Cuando hablas, plantas una semilla en el cerebro de la persona que te escucha. Al principio, parece que la sueltas y se esfuma en el aire, pero no: echa raíces y se agarra como un gato. A veces es una planta que no tiene el tallo ni las hojas, y entonces nunca sabes si ha echado raíces o no. Pero otras veces se le ve el tallo y las hojas, mirando lo que hace la gente después de que tenga la palabra dentro. Y algunas otras veces, esa planta también tiene frutos, con otras palabras que se vuelven a tu cerebro y echan raíces también. Y aunque cortes el tallo, porque no te gusta la planta que sale, la raíz es muy difícil arrancarla. Y cuando se quedan muchas raíces en el cerebro, ya no hay planta buena que agarre".

domingo, 4 de noviembre de 2012

UNIVERSIDAD

Mamá quiere ir a la Universidad.

- ¿Y a qué viene eso?- le pregunta papá mientras mastica el pastel de espinacas.

- ¿Te parece raro? - le responde mamá con voz de enfadada.

- Me parece poco útil que te pongas a estudiar ahora - le responde papá después de beber un sorbo de vino y mirarla fijamente.

- Nunca tenemos que dejar de aprender. Lo dice la maestra. Y las maestras saben de estudiar  las que más de todo el mundo.

Mamá me mira y dice que sí con la cabeza arrugando la boca como si fuera de papel cebolla y cerrando los ojos un poquito  que cuando hace eso parece que le salen chispitas.

- A ver Alba, estudiar es importante para ti, para que seas alguien el día de mañana. Mamá ya es una mamá, y no necesita estudiar.

- Lo entiendo. Mamá es una mamá y no necesita ser alguien.

Y mientras papá perseguía a mamá hasta la cocina (se habrían dejado un fuego encendido o algo), Bea le echaba lo que le quedaba en el plato a Paula y se iba a su cuarto a hablar por el Tuenti.

Paula y yo nos quedamos esperando el postre. Pero ese día no hubo postre. Se quemaría o algo.









lunes, 6 de agosto de 2012

veintiocho meses

Puedo medir mi estado de ansiedad por cómo me siento cuando veo a alguien dándole vueltas al té. Sin poder evitarlo, mis ojos se dejan caer en el remolino verdoso y todas mis fuerzas se disuelven con cada vuelta. En ese momento, mi interlocutor me mira, pregunta y sólo soy capaz de mover levemente la cabeza de lado a lado como si me espabilara de repente, todo para fingir que no me he ido, que sigo allí y no al fondo de la taza, enfangada en posos verdes.

No fue así en esta ocasión. 

Ni siquiera recuerdo cómo la invité a quedarse, creo que le ofrecí un té y ella dudó y miró el reloj, o quizás no lo llevaba en ese momento y sólo volvió la mirada al bolso de Vuitton, como para ganar tiempo. Contra todo pronóstico aceptó y me preguntó dónde podía sentarse. Desde la cocina miraba su perfil, media cara algo tensa y las piernas cruzadas en un balanceo nervioso.

Me senté justo enfrente de ella y la observé mientras conversábamos. Hablaba mucho, pero no era pesada ni histriónica. Conocía sus puntos fuertes y sabía explotarlos. Tomó enseguida el mando de la conversación y fue cambiando de canal hasta encontrar uno en el que ambas nos sentíamos cómodas. Parecía menos frívola de lo que había imaginado. Pensé que no tenía delante de mí a una persona feliz, pero sí a alguien que, quizás haciendo ocultos equilibrios, parecía tranquila. Una penélope muy lista - me dije entonces - que ha sabido tejer una red de seguridad por si le falla el pie en el trapecio. 

Tardé pocos sorbos en darme cuenta de la magnitud de mi error. Había dejado entrar en casa a mi espejo. Un espejo que me devolvía a mí, triste vampiro, una imagen que jamás podría ser la mía. 

Diría que ella también se entristeció en algún momento y, al menos en un par de ocasiones, reímos juntas.

sábado, 4 de agosto de 2012

RUIDOS

Ruido es lo que suena cuando no lo hace mamá.

Si papá ve el fútbol, mamá grita:´
- Baja ese escándalo.
Si Bea pone el mp3, mamá le dice:
- No sé cómo puedes escuchar ese grupo que sólo sabe hacer ruido.
Si yo coloreo mandalas:
- ¿No puedes pintar más despacio?

Pero, pero, pero... si mamá se seca el pelo o se hace un batido o se pone una canción de David Bisbal, entonces las cosas hacen el ruido que tienen que hacer y no aguantamos nada.
Yo creo que mamá se ha adaptado al medio, como nos contó la maestra en clase, que para sobrevivir, algunos animales podían cambiar de color y quedarse quietecísimos sin moverse ni nada. Mamá es igual. Cuando hace sus ruidos está más sorda que cuando nosotros hacemos los nuestros. Si no, no soportaría hacer nada de lo que hace y se quedaría quieta en una silla y se moriría de hambre, de sed y de aburrimiento. Seguro.

Pero mamá,  lo que menos soporta de todo lo del mundo es el ruido de los vecinos.

El otro día no, el otro tampoco, el otro de antes, subiendo por las escaleras, escuchamos música que salía del ático de la vecina. Mamá torció la nariz y abrió la puerta de casa con más energía que otros días. Se quedó callada un rato largo. Cuando mamá se calla tanto rato, es porque va a gritar algo:

- ¡Y que yo no pueda estar tranquila en mi propia casa!

Y de repente, pegó un portazo, subió las escaleras con las llaves en un mano y cogiéndome con la otra. En un plis-plas llegamos a casa de la vecina. Ahora también se oían voces y risas. Mamá se quedó un poco parada, parece que no se atrevía a llamar, así que yo misma apreté el timbre tres veces para que se oyera bien.

- Holaaaa -le dije a la vecina cuando abrió la puerta y me puse de puntillas para darle un beso- Mamá viene a decirte algo.

Mamá me riñó con los ojos y tiró de mí hasta apretarme a ella. La amiga de la vecina, que llevaba un gorro chulísismo con brillantina rosa, también se acercó a la puerta y me guiñó un ojo, yo le puse una sonrisa, pero no me atreví a soltarme de mamá.

- Están ustedes haciendo demasiado ruido -dijo mami-.Se oye su música desde el portal. Esto es una comunidad de vecinos tranquila donde nos gusta el silencio.

Y mientras la vecina intentaba disculparse y mamá estiraba el cuello como para mirarla desde arriba, la amiga de la vecina se había ido y había vuelto con un libro:

- Tome, querida. Lo encontré en un parque hace un par de años. Ahora no tengo duda de que este libro estaba destinado a encontrarse con usted. Léalo, le hará bien.

Mamá se puso blanca y roja (o al revés, no me acuerdo muy bien) y la vecina las miró a las dos, bajó la  música y pidió a los demás que bajaran la voz. Luego se despidieron como que querían ser simpáticas pero parecía como en una obra de teatro, no sé si me explico. Así que yo también me despedi así, haciendo una reverencia y cogiendo los dos lados del vestido con las manos.Cuando bajamos a casa, mamá no volvió a decir nada. Dejó el libro encima de la mesa y se metió en el baño. Así que yo aproveché y leí el título:
                                        
                                                           El hacedor de silencios.

Yo ya sabía que la amiga de la vecina, que es amiga de Visnú, iba a acertar.Porque elegir un libro para otra persona, como dice la maestra, no es tarea fácil.


Al día siguiente, mamá subió a devolverle el libro, porque te lo agradezco, pero seguramente no tendré mucho tiempo para leer y tu amiga lo necesitará y... pero la vecina la interrumpió y la invitó a tomar un té. Yo bajé a jugar a la Wii con Bea. Mamá tardó una hora en venir y cuando la mamá de Jorge Abadía la llamó para ir de compras, mamá le dijo una mentira y se sentó en el sofá.

Pasó toda la tarde leyendo el libro y ni siquiera se enteró de los saltos y las risas de Bea y mías.